Stop DSM

El DSM obtura las posibilidades de pensar y de interrogarse sobre lo que le ocurre a un ser humano.

Es por esto que los diagnósticos dados como rótulos pueden ser claramente nocivos para el desarrollo psiquico de un niño, en tanto lo deja siendo un “trastorno” de por vida.

Asimismo, las clasificaciones tienden a agrupar problemas muy diferentes sólo porque su presentación es similar.

De este modo, se borra la historia de un niño o de un adolescente y se niega el futuro como diferencia.

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Etiquetado Rentable (Psiquiatría)

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La industria farmacéutica droga a nuestros niños (spot del CCHRInt)

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Manifiesto de Buenos Aires

El Manifiesto de Buenos Aires: POR UN ABORDAJE SUBJETIVANTE DEL SUFRIMIENTO PSÍQUICO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES, NO AL DSM .


El Manifiesto de Buenos Aires forma parte de la campaña Stop DSM. La recogida de firmas es conjunta con el Manifiesto de Barcelona.


Los abajo firmantes, profesionales e instituciones, consideramos necesario tomar posición respecto a un aspecto clave de la defensa del derecho a la salud, en particular en el campo de la salud mental: la patologización y medicalización de la sociedad, en especial de los niños y adolescentes.

Sostenemos que la construcción de la subjetividad necesariamente refiere al contexto social e histórico en que se inscribe y que es un derecho de los niños, los adolescentes y sus familias ser escuchados y atendidos en la situación de padecimiento o sufrimiento psíquico.

Tal como planteamos ya en el Consenso de Expertos del Área de la Salud sobre el llamado “Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad” (2005): “hay una multiplicidad de “diagnósticos” psicopatológicos y de terapéuticas que simplifican las determinaciones de los trastornos infantiles y regresan a una concepción reduccionista de las problemáticas psicopatológicas y de su tratamiento”. Son enunciados descriptivos que se terminan transformando en enunciados identificatorios.

En ese sentido, un Manual como el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desordenes Mentales de la American Psychiatric Association en sus diferentes versiones), que no toma en cuenta la historia, ni los factores desencadenantes, ni lo que subyace a un comportamiento, obtura las posibilidades de pensar y de interrogarse sobre lo que le ocurre a un ser humano.

Esto atenta contra el derecho a la salud, porque cuando se confunden signos con patologías se dificulta la realización del tratamiento adecuado para cada paciente.

A la vez, con el argumento de una supuesta posición ateórica, el DSM responde a la teoría de que lo observable y cuantificable pueden dar cuenta del funcionamiento humano, desconociendo la profundidad y complejidad del mismo, así como las circunstancias histórico-sociales en las que pueden suscitarse ciertas conductas.

Más grave aún, tiene la pretensión de hegemonizar prácticas que son funcionales a intereses que poco tienen que ver con los derechos de los niños y sus familias.

En esta línea, alertamos tanto sobre el contenido como sobre el impacto, que en el campo de la salud mental, tienen el DSM IV TR o el DSM V en preparación. Presentados inicialmente como manuales estadísticos a los fines de una epidemiología tradicional, en las últimas décadas han ocupado el lugar de la definición, rotulación y principal referencia diagnóstica de procesos de padecimiento mental.

Con el formato de clasificaciones y recetas con título de urgencia, eficiencia y pragmatismo se soslayan las determinaciones intra e intersubjetivas del sufrimiento psíquico.

Consideramos que es fundamental diagnosticar, a partir de un análisis detallado de lo que el sujeto dice, de sus producciones y de su historia. Desde esta perspectiva el diagnóstico es algo muy diferente a poner un rótulo; es un proceso que se va construyendo a lo largo del tiempo y que puede tener variaciones (porque todos vamos sufriendo transformaciones).

En relación a los niños y a los adolescentes, esto cobra una relevancia fundamental. Es central tener en cuenta las vicisitudes de la constitución subjetiva y el tránsito complejo que supone siempre la infancia y la adolescencia así como la incidencia del contexto. Existen así estructuraciones y reestructuraciones sucesivas que van determinando un recorrido en el que se suceden cambios, progresiones y retrocesos. Las adquisiciones se van dando en un tiempo que no es estrictamente cronológico.

Es por esto que los diagnósticos dados como rótulos pueden ser claramente nocivos para el desarrollo psiquico de un niño, en tanto lo deja siendo un “trastorno” de por vida.

De este modo, se borra la historia de un niño o de un adolescente y se niega el futuro como diferencia.
El sufrimiento infantil suele ser desestimado por los adultos y muchas veces se ubica la patología allí donde hay funcionamientos que molestan o angustian, dejando de lado lo que el niño siente. Es frecuente así que se ubiquen como patológicas conductas que corresponden a momentos en el desarrollo infantil, mientras se resta trascendencia a otras que implican un fuerte malestar para el niño mismo.

A la vez, suponer que diagnosticar es nominar nos lleva a un camino muy poco riguroso, porque desconoce la variabilidad de las determinaciones de lo nominado.

Asimismo, las clasificaciones tienden a agrupar problemas muy diferentes sólo porque su presentación es similar.

El DSM parte de la idea de que una agrupación de síntomas y signos observables, que podemos describir, tiene de por sí entidad de enfermedad, una supuesta base “neurobiológica” que la explica y genes que, sin demasiadas pruebas veraces, la estarían causando.

El manual intenta sostener como “datos objetivos” lo que no son más que enumeraciones de conductas sin sostén teórico ni validación clínica. Es paradójico, porque una reunión de datos pasa a ser supuestamente el modelo que se pretende utilizar para dar cuenta de la patología psíquica, negando con esto toda exploración más profunda y obviando la incidencia del observador en la calificación de esas conductas.
Así, el movimiento de un niño puede ser considerado normal o patológico según quién sea el observador, tanto como el retraso en el lenguaje puede ser ubicado como “trastorno” específico o como síntoma de dificultades vinculares según quién esté “evaluando” a ese niño.

Esto se ha ido complicando a lo largo de los años. No es casual que el DSM-II cite 180 categorías diagnósticas; el DSM –IIIR, 292 y el DSM-IV más de 350. Por lo que se sabe hasta el momento, el DSM V, ya en preparación, planteará, gracias al empleo de un paradigma llamado “dimensional” muchos más “trastornos” y también nuevos “espectros” , de modo tal que todos podamos encontrarnos representados en uno de ellos.

Consideramos que este modo de clasificar no es ingenuo, que responde a intereses ideológicos y económicos y que su perspectiva, en apariencia “a-teorica”, no hace otra cosa que ocultar la ideología que subyace a este tipo de pensamiento, que es la concepción de un ser humano máquina, robotizado, con una subjetividad “aplanada”, al servicio de una sociedad que privilegia la “eficiencia”.

Esto también se expresa a través de los tratamientos que suelen recomendarse en función de ese modo de diagnosticar: medicación y tratamiento conductual, desconociendo nuevamente la incidencia del contexto y el modo complejo de inscribir, procesar y elaborar que tiene el ser humano.

En relación a la medicación, lo que está predominando es la medicalización de niños y adolescentes, en que se suele silenciar con una pastilla, conflictivas que muchas veces los exceden y que tienden a acallar pedidos de auxilio que no son escuchados como tales. Práctica que es muy diferente a la de medicar criteriosamente, “cuando no hay más remedio” en que se apunta a atenuar la incidencia desorganizante de ciertos síntomas mientras se promueve una estrategia de subjetivación que apunte a destrabar y potenciar, y no sólo suprimir.

Un medicamento debe ser un recurso dentro de un abordaje inter disciplinario que tenga en cuenta las dimensiones epocales, institucionales familiares y singulares en juego.

Entonces, en lugar de rotular, consideramos que debemos pensar qué es lo que se pone en juego en cada uno de los síntomas que los niños y adolescentes presentan, teniendo en cuenta la singularidad de cada consulta y ubicando ese padecer en el contexto familiar, educacional y social en el que ese niño está inmerso.

Por consiguiente, los profesionales e instituciones abajo firmantes consideramos que:

1) Los malestares psíquicos son un resultado complejo de múltiples factores, entre los cuales las condiciones socio-culturales, la historia de cada sujeto, las vicisitudes de cada familia y los avatares del momento actual se combinan con factores constitucionales dando lugar a un resultado particular.

2) Toda consulta por un sujeto que sufre debe ser tomada en su singularidad.

3) Niños y adolescentes son sujetos en crecimiento, en proceso de cambio, de transformación. Están armando su historia en un momento particular, con progresiones y regresiones. Por consiguiente, ningún niño y ningún adolescente puede ser “etiquetado” como alguien que va a padecer una patología de por vida.

4) La idea de niñez y de adolescencia varía en los diferentes tiempos y espacios sociales. Y la producción de subjetividad es distinta en cada momento y en cada contexto.

5) Un etiquetamiento temprano, enmascarado de “diagnóstico” produce efectos que pueden condicionar el desarrollo de un niño, en tanto el niño se ve a sí mismo con la imagen que los otros le devuelven de sí, construye la representación de sí mismo a partir del espejo que los otros le ofertan. Y a su vez los padres y maestros lo mirarán con la imagen que los profesionales le den del niño. Por consiguiente un diagnóstico temprano puede orientar el camino de la cura de un sujeto o transformarse en invalidante. Esto implica una enorme responsabilidad para aquél que recibe la consulta por un niño.

6) Todos los niños y adolescentes merecen ser atendidos en su sufrimiento psíquico y que los adultos paliemos sus padecimientos. Para ello, todos, tan sólo por su condición ciudadana, deberían tener acceso a diferentes tratamientos, según sus necesidades, así como a la escucha de un adulto que pueda ayudarlo a encontrar caminos creativos frente a su padecer y a redes de adultos que puedan sostenerlo en los momentos difíciles.

(Este es un borrador escrito por el forumadd a ser discutido en el 3er Simposio Internacional sobre La patologización de la infancia: Intervenciones en la clínica y en las aulas, a realizarse los días 2, 3 y 4 de junio en Buenos Aires)

Firmas:

  • Leon Benasayag
  • José Cernadas
  • Gabriel Donzino
  • Gabriela Dueñas
  • Osvaldo Frizzera
  • Alicia Gamondi
  • Alicia Hasson
  • Elsa Kahansky
  • Ronny Kremenchusky
  • Beatriz Janin
  • Virginia López Casariego
  • Silvia Morici
  • Mabel Rodríguez Ponte
  • María Cristina Rojas
  • Rosa Silver
  • Gisela Untoiglich
  • Juan Vasen



El Manifiesto de Buenos Aires forma parte de la campaña Stop DSM. La recogida de firmas es conjunta con el Manifiesto de Barcelona.

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Manifiesto de Barcelona – NO AL DSM!

MANIFIESTO A FAVOR DE UNA PSICOPATOLOGÍA CLÍNICA, QUE NO ESTADÍSTICA

Mediante el presente escrito, los profesionales e instituciones abajo firmantes, nos manifestamos a favor de criterios clínicos de diagnosis, y por lo tanto en contra de la imposición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Desórdenes Mentales de la American Psychiatric Association como criterio único en la clínica de las sintomatologías psíquicas.


Queremos compartir, debatir y consensuar el conocimiento clínico -logía- sobre el pathos psíquico -padecimiento sintomático, que no enfermedad- a fin de cuestionar la existencia de una salud psíquica, estadística o normativa, así como la impostura clínica e intelectual del desorden, trastorno, enfermedad mental. También queremos denunciar la imposición del tratamiento único -terapias tipificadas para trastornos formateados- por el menosprecio que supone a las diferentes teorías y estrategias terapéuticas, y a la libertad de elección de los pacientes. En el momento actual, asistimos al devenir de una clínica cada vez menos dialogante, más indiferente a las manifestaciones del padecimiento psíquico, aferrada a los protocolos y a tratamientos exclusivamente paliativos para las consecuencias, y no para sus causas. Tal y como dice G. Berrios (2010) «Nos enfrentamos a una situación paradójica en la que se les pide a los clínicos que acepten un cambio radical en la forma de desarrollar su labor, (ej. abandonar los consejos de su propia experiencia y seguir los dictados de datos estadísticos impersonales) cuando en realidad, las bases actuales de la evidencia no son otras que lo que dicen los estadísticos, los teóricos, los gestores, las empresas (como el Instituto Cochrane) y los inversores capitalistas que son precisamente aquellos que dicen donde se pone el dinero». En consecuencia, manifestamos nuestra defensa de un modelo sanitario,donde la palabra sea un valor a promover y donde cada paciente sea considerado en su particularidad. La defensa de la dimensión subjetiva implica una confianza en lo que cada uno pone en juego para tratar aquello que en él mismo se revela como insoportable, extraño a sí mismo, pero sin embargo familiar. Manifestamos nuestra repulsa a las políticas asistenciales que persiguen la seguridad en detrimento de las libertades y los derechos. A las políticas que, con el pretexto de las buenas intenciones y de la búsqueda del bien del paciente, lo reducen a un cálculo de su rendimiento, a un factor de riesgo o a un índice de vulnerabilidad que debe ser eliminado, poco menos que a la fuerza.

Para cualquier disciplina, la aproximación a la realidad de su campo se hace a través de una teoría. Este saber limitado no tendría que confundirse con La Verdad, pues, supondría actuar como una ideología o religión, donde cualquier pensamiento, acontecimiento o incluso el lenguaje utilizado, está al servicio de forzar el re-ligare entre saber y verdad. Todo clínico con un cierto espíritu científico sabe que su teoría es lo que Aristóteles llamaría un Organon, es decir, una herramienta de acercamiento a una realidad siempre más plural y cambiante, y donde las categorías encontradas han de dejar espacio a la manifestación de esa diversidad, permitiendo así una ampliación tanto teórica como práctica. Esta concepción se opone a la idea de un canon, en el sentido de lo que necesariamente, obligatoriamente y prescriptivamente las cosas son y han de funcionar de determinada manera. Todos sabemos las consecuencias de esta posición que va de lo orientativo a lo normativo, prescriptivo para, finalmente, convertirse en coercitivo. Es ahí donde el saber se convierte en el ejercicio de un poder en tanto sancionador, en un sentido amplio, de lo que obedece o desobedece a ese canon. Ordenación de la subjetividad al Orden Social que reclaman los mercados. Todo para el paciente sin el paciente. Un saber sin sujeto ya es un poder sobre el sujeto. Autoritarismo científico, lo llama J. Peteiro. Por todo esto queremos manifestar nuestra oposición a la existencia de un Código de Diagnostico Único Obligatorio y Universal.

Por otra parte, el modelo a-teórico del que hace gala el DSM, y que se ha querido confundir con objetividad, nos habla de su falla epistemológica. Baste recordar su indefinición sobre qué podemos entender como trastorno mental, así como por salud psíquica. Los contenidos de esta taxonomía psiquiátrica responden mucho más a pactos políticos que a observaciones clínicas, lo que da lugar a un problema epistemológico muy grave.

En cuanto al método clasificatorio del DSM, constatamos que se puede clasificar, amontonar o agrupar muchas cosas, pero eso no es establecer una entidad nosográfica en un campo determinado. Por último, y en la misma línea que lo anterior, la estadística empleada en el DSM tiene un punto de partida débil: la ambigüedad del objeto sobre el que se opera, es decir, el concepto de trastorno mental. La estadística se presenta como una técnica, un utensilio que puede ser puesto al servicio de múltiples causas y de todo tipo. Son las personas quienes manejan los ítems y valores de base de la curva estadística, pero también quienes deciden el deslizamiento, más o menos hacia los márgenes de lo que se va a cuantificar e interpretar posteriormente.
En este contexto de pobreza y confusión conceptual, la próxima publicación del DSM-V supone una clara amenaza: nadie quedará fuera de aquello que se detiene, de lo que enferma. No quedará espacio para la salud, en términos de cambio, de movilidad, de complejidad o de multiplicidad de las formas. Todos enfermos, todos trastornados. Cualquier manifestación de malestar será rápidamente transformada en síntoma de un trastorno que necesita ser medicalizado de por vida. Éste es el gran salto que se realiza sin red epistemológica alguna: de la prevención a la predicción.
Umbrales diagnósticos más bajos para muchos desórdenes existentes o nuevos diagnósticos que podrían ser extremadamente comunes en la población general, de esto nos advierte Allen Frances, jefe de grupo de tareas del DSM IV, en su escrito Abriendo la caja de Pandora. Refiriéndose a los nuevos trastornos que incluirá el DSM-V, este autor cita algunos de los nuevos diagnósticos problemáticos: el síndrome de riesgo de psicosis, («es ciertamente la más preocupante de las sugerencias. La tasa de falsos positivos sería alarmante del 70 al 75%»). El trastorno mixto de ansiedad depresiva. El trastorno cognitivo menor, («está definido por síntomas inespecíficos… el umbral ha sido dispuesto para incluir un enorme 13.5% de la población».) Trastorno de atracones. El trastorno disfuncional del carácter con disforia. El trastorno coercitivo parafílico. El trastorno de hipersexualidad, etc. Aumenta, por tanto, el número de trastornos y aumenta también el campo semántico de muchos de ellos, como el famoso TDAH, ya que se permite el diagnóstico basado sólo en la presencia de síntomas, no requiriendo discapacidad y, además, se reduce a la mitad el número de síntomas requeridos para adultos. El diagnóstico de TDAH también se contempla en presencia de autismo, lo cual implicaría la creación de dos falsas epidemias e impulsaría el uso aumentado de estimulantes en una población especialmente vulnerable.
Si juntamos este manejo estadístico con la heterogeneidad temática de los grupos de trabajo, que se multiplican y que van desde la identidad de género, pasando por la adaptación de los impulsos, hipersexualidad, cambios de humor etc., no podemos obviar que las clasificaciones internacionales pretenden una autonomía total respecto de cualquier marco teórico, y por ende, libre de cualquier tipo de control de rigor epistémico. Sin embargo, no creemos que las clasificaciones y tratamientos puedan ser neutrales respecto a las teorías etiológicas, como se pretende, y al mismo tiempo ser neutrales respecto de la ideología del Control Social, e intereses extra clínicos.

Paul Feyerabend, en El mito de la ciencia y su papel en la sociedad, nos dice: «Básicamente, apenas si hay diferencia alguna entre el proceso que conduce a la enunciación de una nueva ley científica y el proceso que precede a una nueva ley en la sociedad». Parece ser, sigue diciendo este autor en Adiós a la razón, que: «El mundo en que vivimos es demasiado complejo para ser comprendido por teorías que obedecen a principios (generales) epistemológicos. Y los científicos, los políticos -cualquiera que intente comprender y/o influir en el mundo-, teniendo en cuenta esta situación, violan reglas universales, abusan de los conceptos elaborados, distorsionan el conocimiento ya obtenido y desbaratan constantemente el intento de imponer una ciencia en el sentido de nuestros epistemólogos».

Finalmente, queremos llamar la atención del peligro que supone para la clínica de las sintomatologías psíquicas, que los nuevos clínicos estén formateados, deliberadamente, en la ignorancia de la psicopatología clásica, pues, ésta responde a la dialéctica entre teoría y clínica, entre saber y realidad. Psicopatología clínica que ya no se enseña en nuestras facultades ni en los programas de formación de los MIR y PIR. Y sin embargo, se les alecciona en el paradigma de la indicación… farmacológica: universalización prescriptiva para todos y para todo, y que en nada se diferencia de una máquina expendedora de etiquetas y reponedora de medicación. El resultado que denunciamos es un desconocimiento de los fundamentos de la psicopatología, un escotoma importante a la hora de explorar a los pacientes y, en consecuencia, una limitación más que considerable a la hora de diagnosticar.

En tanto que el conocimiento es la forma más ética que tenemos de acercarnos a nuestra plural realidad, no ha de ser un problema la coexistencia de diferentes saberes sobre la complejidad del ser humano.

Por todo ello proponemos llevar a cabo acciones con el objetivo de poner límite a todo este proceso incrementalista de las clasificaciones internacionales, y trabajar con criterios de clasificación que tengan una sólida base psicopatológica y, por tanto, que provengan exclusivamente de la clínica.

Barcelona, a 14 de Abril de 2011

PARA FIRMAR EL MANIFIESTO PULSAR AQUÍ.

AGRADECEREMOS LA MÁXIMA DIFUSIÓN DE ESTE PRIMER MANIFIESTO (al que seguirán otros de diferentes países).

Información y contacto: stopdsm@gmail.com

Los Grupos e Instituciones que deseen adherirse a la campaña, pueden enviar un correo a stopdsm@gmail.com

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Sam & Jessica

Extraído de:
Neural Integration in Different Models of Psychotherapy (Chapter 3)
The Neuroscience of Psychotherapy. Healing the Social Brain.
Louis Cozolino
WW Norton, 2nd Edition, 2010

Sam y Jessica
El principio más profundo en la naturaleza humana es el ansia por ser apreciado.
William James

Ser humano significa comunicarse con otros. Los seres humanos tienen muchos canales de comunicación, incluyendo el tocarse, el contacto visual, el tono de voz y el uso de palabras. A través de nuestras interacciones tenemos el poder impactarnos unos a otros en todos los niveles. Una de mis experiencias más poderosos de la verdad de este hecho no se llevó a cabo en un seminario o en un consultorio, sino más bien en la casa de un amigo. Había ofrecido cuidar de sus dos hijos por unas horas mientras corrió hacía unas diligencias. Conocía a Jessica y Sam, 4 y 6 años de edad, de toda la vida. Yo era alguien en un anillo exterior de su universo, una atractiva combinación de familiaridad y novedad y para nada preparado para lo que estaba a punto de ocurrir. Al minuto que su padre nos dejó, cambiaron la marcha de bajo a medio a muy alto y me encontré en medio de un frenesí de excitación.

Los juguetes comenzaron a volar los armarios y recipientes de almacenamiento; los juegos comenzaban y eran dejados a un lado; los vídeos se iniciaban, detenían y reemplazaban –en una sucesión de príncipes indios, sirenas, reyes leones, damas y vagabundos. Después de lo que experimentaba como horas, miro en mi reloj y encuentro que habían pasado sólo 15 minutos! ¿Cuatro horas más a este ritmo? No estaba seguro de que podría sobrevivir. Seguí tratando de centrar la actividad de Sam y Jessica en vano. En un momento dado, mientras nos movíamos del dormitorio al comedor y de allí al living, caí rendido en el pasillo y me apoyé contra la pared. Cuando se dieron cuenta de que no estaba detrás de ellos, corrieron a buscarme.

Estaban jadeando, uno a cada lado, preguntándose qué nuevo juego había preparado. Mi sugerencia de sentarnos y hablar un rato pasó desapercibido. Tras unos segundos, Sam miró a su hermana y gritó, “Muéstrale a Lou cómo haces eructar a tu muñeca!” Ambos dejaron escapar un grito y Jessica pronto regresó con una muñeca blanda adorable. En el momento que tomo la muñeca para admirarla, Jessica la lanza de cara al suelo y le encaja sus puños en la espalda. Mientras que Jessica y Sam toman turnos para aplastar la muñeca contra la alfombra, yo los observo con horror, completamente identificado con la muñeca. He tenido que frenar mi deseo de salvar lo pobrecita de sus viciosos atacantes.

Rápidamente me impuse que estaba sintiendo pena por una bola de algodón y que debo trasladar mi atención a los niños. También me di cuenta de que rescatar a la muñeca podría significar regañar a Sam y a Jessica por su comportamiento, y no lo quería hacer. Me esforzaba por encontrar un sentido a lo que estaba sucediendo y me preguntaba si podría haber algún mensaje simbólico en la manera en que estaban tratando a esta muñeca. Jessica y Sam habían experimentado una gran cantidad de estrés en su corta vida, en las forma de enfermedad física grave, cirugía, adicción a las drogas en la familia y un sistema de apoyo comprensiblemente abrumado. La frenética actividad que estaba presenciando reflejaba la ansiedad acumulada de todo por lo que habían pasado, mezclada con la exuberancia normal en la infancia.
Pero ¿cómo el saber esto podría resultar de utilidad con estos dos hermosos niños?

A medida que reflexionaba estas cosas, se me impuso la noción de que quizás la muñeca representaba a Sam y Jessica. Esta muñeca necesita eructar. Necesita la ayuda de un adulto para aliviar su incomodidad y recobrar un sentido de confort y equilibrio. Tal vez Sam y Jessica me mostraban que cuando tenían que ser consolados, se encontraban con más dolor o, al menos, comprensión y calidez insuficientes. ¿Su comportamiento podría ser un mensaje? “¡Por favor, necesitamos tibieza y curación!” Su mundo parecido caótico e inseguro, un torbellino; se trataba de la misma sensación que habían creado dentro de mí durante la última media hora. ¿Era su comportamiento una forma de comunicación?

Ellos habían tomado varios turnos haciendo “eructar” a la muñeca y sospeché que su atención pronto se dirigiría hacia mí. ¿Qué hacer o decir? Yo no quería hacer eructar al bebé de ese modo, y reflexiones sobre lo que estaba sucediendo podrían no tener ningún sentido. Podía sentir como mi ansiedad crecía cuando finalmente, los dos se volvieron hacia mí y gritando al unísono: “¡Tu turno!” Vacilé. El sonsonete “eructar al bebé, eructar al bebé” comenzó a subir. Los miré a ambos y les dije: “sé de otra forma de hacer eructar al bebé. Así es como mi mamá me hacía eructar a mí” Se alegraron. Sospecho que suponían que iba a prenderle fuego a la muñeca o a ponerla en el microondas.
Suavemente recogí a la muñeca y la apoyé en mi hombro izquierdo. Frotando la espalda en un movimiento circular con mi mano derecha, mirando hacia abajo con ternura, tranquilamente dije, “Esto te hará sentirte mejor, pequeña.” Un silencio cayó sobre el vestíbulo. Miré hacia arriba y encontré a Jessica y Sam con expresión atónita, como hipnotizados. Sus ojos seguían los círculos lentos de mi mano, con la cabeza inclinada como cachorros. Sus cuerpos relajados, sus manos a los lados, en calma por primera vez.

Después de seguir el movimiento de la mano durante unos 30 segundos, Jessica me miró y suavemente preguntó, “¿puedo tener un turno?” “por supuesto que puedes”, le dije. Al principio pensé que quería decir que quería un turno para eructar al bebé. Pero luego cuidadosamente, casi respetuosamente, tomó la muñeca y la colocó en el suelo con la espalda contra la pared. Se subió encima de mí, escaló mis piernas cruzadas y puso su cabeza en mi hombro donde había estado la cabeza de la muñeca. Se dirigió a mí y casi inaudible, dijo, “Ahora estoy lista”. A medida que iba frotando la espalda de Jessica, sentía su cuerpo más flojo, y fundiéndose en mi hombro y en mi pecho. Casi esperaba que Sam la arrancara de mí, se subiera él mismo y convirtiera todo esto en un combate de lucha libre. Cuando lo miré, pude ver que estaba en la misma postura y estado de ánimo que al verme hacer eructar a la muñeca. Eventualmente me miró y preguntó, “¿puedo tener un turno?” Antes de que pudiera responder, Jessica levantó la cabeza ligeramente y le dijo, “en un minuto”.
Después de un tiempo, ella renunció a su puesto en mi hombro y Sam tomó su turno en “hacerlo eructar”. Se sentía maravilloso mantenerlos de esta manera y darles algo que parecían necesitar muchísimo.

Después de unos pocos turnos con cada uno de ellos, fuimos al comedor y nos hicimos un nudo en el sofá, uno de ellos en cada uno de mis brazos y vimos una película. En realidad, yo vi una película –ellos se quedaron dormidos después de sólo unos pocos minutos. Mientras mis ojos seguían la frenética animación en la pantalla, mi respiración también relajó su ritmo y compartí la paz que ellos parecían estar experimentando.

Me sorprendí en cómo se las arreglaron para comunicar su dolor y confusión al crear los mismos sentimientos en mí mismo. La emoción es verdaderamente contagiosa y una poderosa fuente de conexión humana. Al dejarlos establecer el ritmo inicial de nuestro juego, les transmití mi respeto por su manera de hacer frente a las cosas. Mediante el uso de la muñeca, me comunicaron que cuando necesitaban calmar su ansiedad, a menudo se encontraban con más de lo mismo. Cuando hice eructar a su muñeca de manera cuidadosa y tierna, les mostré que era capaz de calmarlos si se sentían mal. Al pedirme que “los hiciera eructar”, me decían que confiaban en mí. Al conciliar el sueño, decían, “nos sentimos seguros y sabemos que velarás por nosotros mientras descansamos”. Aunque nada de esto se habló, la comunicación fue muy clara.

Las interacciones con la muñeca cambiaron el estado de la mente y el cuerpo de Sam y Jessica, así como mis propios estados mentales y corporales. Creo que los comportamientos de esa tarde no sólo afectaron sus actitudes y conductas, sino que puede que también haya cambiado sus cerebros de un modo pequeño pero quizás de un modo permanente. Pude ver esto reflejado en sus rostros y escucharlo en el tono de su voz; algo fundamental cambió su ser por completo. Yo les proporcioné una metáfora a través del cual se pudo reorganizar su experiencia, sus necesidades y regular sus emociones. Juntos, los tres co-construímos una nueva narrativa que podía ser utilizada como una forma de calmarse a ellos mismos y también mutuamente.

Si este proceso se repitiera suficientes veces, sus cerebros podrían reorganizarse alrededor de esta metáfora de tibieza y sostén y mejorar la comunicación entre redes de procesamiento cognitivo y emocional. Quizás Sam y Jessica puedan incorporar un modelo de auto-sostén y tibieza que los ayude a navegar los retos del futuro. Este tipo de interacción está en el corazón de todas las formas de psicoterapia, independientemente de la filosofía o la técnica. Todas las formas de terapia tienen sus propias versiones de metáforas integradoras, sirviendo para reorganizar redes neuronales y alterar la experiencia humana, esperemos que para mejor.

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Una mirada entre muchas otras

Doce años de investigación, observación, reflexiones y cuestionamientos parecieran muchos, pero no cuando veo a mi hijo convertido ya en un muchacho grande, apuesto, inteligente, con unos valores admirables y coherentes a sus actitudes.
Me pregunto ¿en qué momento pasó el tiempo y mi pequeño hijo que necesitaba tanto de mí para comunicarse se convirtió en una persona con tantas cualidades para la vida que me llenan de paz? No quisiera pecar de soberbia ni transmitir un mensaje equivocado de perfección pero al seguir atendiendo a familias que llegan a mí desesperadas y ansiosas ante un futuro incierto, con una lectura atemorizante sobre el tema, lo primero que quisiera transmitirles es tranquilidad.
Cuando recibí el diagnóstico de mi hijo con su respectiva categorización retumbando en mis oídos, “su hijo tiene Síndrome de Asperger”, tuve la sensación de que me acababan de dar una sentencia de alguna enfermedad grave. Tantos pensamientos que dispararon emociones contradictorias no pudieron más que dejarme pensativa por más de un mes….y es ahí donde empezó mi búsqueda.
Búsqueda que me llevó a la investigación y a estudiar una carrera (Ecología Humana) que abrió mi panorama y me permitió comprender al ser humano desde una perspectiva más integral, entender el desarrollo humano desde los diferentes vínculos afectivos y encontrar en la estimulación que los distintos entornos proveen al niño, una fortaleza. Éste último aspecto lo considero hoy una premisa para todo educador.
Las conductas que nuestros hijos nos muestran hoy son, en su mayoría, el resultado de lo que el ambiente les provee. Nuestros hijos tienen una dificultad para desarrollar habilidades sociales que les permitan relacionarse de forma culturalmente aceptable, esto es algo que tengo claro y en lo que pienso tendremos que trabajar toda la vida. Pero observando a mi alrededor pienso “¿son únicamente nuestros hijos, los que se aíslan en sus propios intereses, necesidades y deseos?”. Me pregunto “¿estamos como padres modelando actitudes que los lleven a encontrarle sentido a valores como solidaridad, empatía, paciencia, aceptación, optimismo, entre tantos más?” Veo que el encuentro con la diferencia sigue hoy llevándonos más que nunca a una crisis moral y ética con la gran diferencia de que ya no tenemos tan al alcance referentes positivos que nos lleven a resolver estos dilemas.
Desde la mirada científica, las categorizaciones diagnósticas cumplen con el propósito de dar un resultado específico que determinen las dificultades en el desarrollo del niño. Luego se dará pié a la elaboración de un programa que le permita al niño ir madurando en las áreas de dificultad. Si bien un diagnóstico es un referente, no es una verdad absoluta e inamovible que nos lleve a desintegrar la imagen del niño, el cual deja de llamarse “Javier”, para empezar a llamarse Síndrome de Asperger, ADHD, Autismo, etc. El dolor reflejado en las parejas que me consultan queriendo encontrar una solución, me motiva a transmitirles que solo el amor y compromiso de padres puede llevarlos a todos como familia a “despertar” a una nueva realidad, a un modo distinto de ver la vida.
Creo que es momento en que padres, educadores y terapeutas comencemos a buscar otros espacios desde donde podamos pensar la crianza y educación de los niños, desde nuestro lado más humano, más filial, más afectivo. Veo que todo nuestro entorno nos pide que volvamos a mucho de lo que servía antes y sigue vigente. Los niños perciben su mundo de forma simple y nosotros se lo mostramos tan complejo que sobrepasa su capacidad de comprensión. Pero la intuición y sabiduría inherente al ser humano sale a flote y nos encontramos con respuestas tan acertadas por parte de ellos que nos desconciertan.
Nuestra sociedad ha cambiado, la forma de relacionarnos ha cambiado, nuestra formación como padres ha cambiado, ¿no es por lo tanto lógico que las respuestas y conductas de nuestros hijos, se modifiquen también?
Creo que atribuirle al “síndrome” la total responsabilidad de muchos de los problemas de conducta que encontramos hoy en los chicos, no es la solución en la gran tarea de formar.
Hacer prevalecer las buenas costumbres, hábitos y enseñanzas que fueron la base para nuestro desarrollo personal y acoger lo que la sociedad actual nos ofrece y que fortalezca a la familia, es la decisión a la que estamos llamados a tomar.
La mirada que decidí tener ante la diferencia de mi hijo es…
..él es el primero de 3 grandes regalos que ha venido a enseñarme como ser mejor madre, esposa, educadora, mujer….. Sentirme agradecida porque en su diferencia encuentro otras habilidades increíbles que son parte de su personalidad y que le permitirán desarrollarse en otros campos laborales en el futuro y seguramente le serán muy útiles. Sentirme complacida porque juntos como familia vamos caminando y aprendiendo de nuestras individualidades como seres humano y eso nos enriquece. Y ahora más que nunca comprometerme como educadora, honrar el nombre del “Maestro”, compartiendo y haciendo vida lo que aprendí.
“Los hijos son la oportunidad que Dios nos da para convertirnos en mejores personas”.

Fabiola Pazmiño Luzuriaga
Téc. Estimulación Temprana
Facultad de Ecología Humana, Educación y Desarrollo.
Moderadora del foro Habilidades Sociales Cali (colombia): adquiriendo_habilidades_sociales_cali@gruposyahoo.com.ar

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III Simposio sobre la Patologización de la Infancia


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El Marketing de la Enfermedad

LOS FUTUROS CLIENTES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA”
En reiteradas oportunidades hemos insistido en esta página – y también lo hemos hecho notar en otras publicaciones, en la orientación a padres y familias y en la capacitación de docentes, por ejemplo – acerca de la inconveniencia de medicar de manera indiscriminada a la multiplicidad creciente de niños y jóvenes “fácilmente diagnosticados” con algunos de los cuadros clínicos que parecen englobar, en los últimos tiempos, a una variedad de comportamientos, actitudes y estructuras de pensamiento global y acríticamente incluidos entre los “trastornos de aprendizaje”, “alteraciones del desarrollo”, “irregularidades de la conducta” y clasificaciones de similar generalidad y prolífico alcance.

Como el tema no está cerrado – y a la luz de las circunstancias parece aún lejana su resolución – vaya hoy un aporte más al intento de echar luz sobre esta temática y sobre el peligro que las prácticas farmacológicas entrañan en y la vida toda de quienes son sus más frecuentes “destinatarios”, a través del video al pie de este breve comentario. En él se señalan no solamente los riesgos de tales situaciones, sino los procesos a través de los cuales los niños y adolescentes han sido diagnosticados; en este caso, ni la diferencia de lengua ni de nacionalidad generan mayores divergencias en la realidad que vivimos.

No bajemos los brazos, mantengamos los alertas y continuemos bregando por condiciones de desarrollo más saludables y vinculadas al apoyo familiar, psicosocial y pedagógico de nuestros niños.

Con toda mi convicción puesta en ello.

Prof. Miguel A. Ricci

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Sir Ken Robinson: Las escuelas matan la creatividad TED 2006

Sir Ken Robinson es reconocido a nivel mundial como un experto en creatividad y educación, por sus logros estudiando estos temas, fue ordenado caballero en junio de 2003.

En esta TEDTalk, Ken Robinson hace una apasionada y divertida argumentación sobre la importancia de la creatividad para los retos de nuestro siglo.

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