Extraído de:
Neural Integration in Different Models of Psychotherapy (Chapter 3)
The Neuroscience of Psychotherapy. Healing the Social Brain.
Louis Cozolino
WW Norton, 2nd Edition, 2010
Sam y Jessica
El principio más profundo en la naturaleza humana es el ansia por ser apreciado.
William James
Ser humano significa comunicarse con otros. Los seres humanos tienen muchos canales de comunicación, incluyendo el tocarse, el contacto visual, el tono de voz y el uso de palabras. A través de nuestras interacciones tenemos el poder impactarnos unos a otros en todos los niveles. Una de mis experiencias más poderosos de la verdad de este hecho no se llevó a cabo en un seminario o en un consultorio, sino más bien en la casa de un amigo. Había ofrecido cuidar de sus dos hijos por unas horas mientras corrió hacía unas diligencias. Conocía a Jessica y Sam, 4 y 6 años de edad, de toda la vida. Yo era alguien en un anillo exterior de su universo, una atractiva combinación de familiaridad y novedad y para nada preparado para lo que estaba a punto de ocurrir. Al minuto que su padre nos dejó, cambiaron la marcha de bajo a medio a muy alto y me encontré en medio de un frenesí de excitación.
Los juguetes comenzaron a volar los armarios y recipientes de almacenamiento; los juegos comenzaban y eran dejados a un lado; los vídeos se iniciaban, detenían y reemplazaban –en una sucesión de príncipes indios, sirenas, reyes leones, damas y vagabundos. Después de lo que experimentaba como horas, miro en mi reloj y encuentro que habían pasado sólo 15 minutos! ¿Cuatro horas más a este ritmo? No estaba seguro de que podría sobrevivir. Seguí tratando de centrar la actividad de Sam y Jessica en vano. En un momento dado, mientras nos movíamos del dormitorio al comedor y de allí al living, caí rendido en el pasillo y me apoyé contra la pared. Cuando se dieron cuenta de que no estaba detrás de ellos, corrieron a buscarme.
Estaban jadeando, uno a cada lado, preguntándose qué nuevo juego había preparado. Mi sugerencia de sentarnos y hablar un rato pasó desapercibido. Tras unos segundos, Sam miró a su hermana y gritó, “Muéstrale a Lou cómo haces eructar a tu muñeca!” Ambos dejaron escapar un grito y Jessica pronto regresó con una muñeca blanda adorable. En el momento que tomo la muñeca para admirarla, Jessica la lanza de cara al suelo y le encaja sus puños en la espalda. Mientras que Jessica y Sam toman turnos para aplastar la muñeca contra la alfombra, yo los observo con horror, completamente identificado con la muñeca. He tenido que frenar mi deseo de salvar lo pobrecita de sus viciosos atacantes.
Rápidamente me impuse que estaba sintiendo pena por una bola de algodón y que debo trasladar mi atención a los niños. También me di cuenta de que rescatar a la muñeca podría significar regañar a Sam y a Jessica por su comportamiento, y no lo quería hacer. Me esforzaba por encontrar un sentido a lo que estaba sucediendo y me preguntaba si podría haber algún mensaje simbólico en la manera en que estaban tratando a esta muñeca. Jessica y Sam habían experimentado una gran cantidad de estrés en su corta vida, en las forma de enfermedad física grave, cirugía, adicción a las drogas en la familia y un sistema de apoyo comprensiblemente abrumado. La frenética actividad que estaba presenciando reflejaba la ansiedad acumulada de todo por lo que habían pasado, mezclada con la exuberancia normal en la infancia.
Pero ¿cómo el saber esto podría resultar de utilidad con estos dos hermosos niños?
A medida que reflexionaba estas cosas, se me impuso la noción de que quizás la muñeca representaba a Sam y Jessica. Esta muñeca necesita eructar. Necesita la ayuda de un adulto para aliviar su incomodidad y recobrar un sentido de confort y equilibrio. Tal vez Sam y Jessica me mostraban que cuando tenían que ser consolados, se encontraban con más dolor o, al menos, comprensión y calidez insuficientes. ¿Su comportamiento podría ser un mensaje? “¡Por favor, necesitamos tibieza y curación!” Su mundo parecido caótico e inseguro, un torbellino; se trataba de la misma sensación que habían creado dentro de mí durante la última media hora. ¿Era su comportamiento una forma de comunicación?
Ellos habían tomado varios turnos haciendo “eructar” a la muñeca y sospeché que su atención pronto se dirigiría hacia mí. ¿Qué hacer o decir? Yo no quería hacer eructar al bebé de ese modo, y reflexiones sobre lo que estaba sucediendo podrían no tener ningún sentido. Podía sentir como mi ansiedad crecía cuando finalmente, los dos se volvieron hacia mí y gritando al unísono: “¡Tu turno!” Vacilé. El sonsonete “eructar al bebé, eructar al bebé” comenzó a subir. Los miré a ambos y les dije: “sé de otra forma de hacer eructar al bebé. Así es como mi mamá me hacía eructar a mí” Se alegraron. Sospecho que suponían que iba a prenderle fuego a la muñeca o a ponerla en el microondas.
Suavemente recogí a la muñeca y la apoyé en mi hombro izquierdo. Frotando la espalda en un movimiento circular con mi mano derecha, mirando hacia abajo con ternura, tranquilamente dije, “Esto te hará sentirte mejor, pequeña.” Un silencio cayó sobre el vestíbulo. Miré hacia arriba y encontré a Jessica y Sam con expresión atónita, como hipnotizados. Sus ojos seguían los círculos lentos de mi mano, con la cabeza inclinada como cachorros. Sus cuerpos relajados, sus manos a los lados, en calma por primera vez.
Después de seguir el movimiento de la mano durante unos 30 segundos, Jessica me miró y suavemente preguntó, “¿puedo tener un turno?” “por supuesto que puedes”, le dije. Al principio pensé que quería decir que quería un turno para eructar al bebé. Pero luego cuidadosamente, casi respetuosamente, tomó la muñeca y la colocó en el suelo con la espalda contra la pared. Se subió encima de mí, escaló mis piernas cruzadas y puso su cabeza en mi hombro donde había estado la cabeza de la muñeca. Se dirigió a mí y casi inaudible, dijo, “Ahora estoy lista”. A medida que iba frotando la espalda de Jessica, sentía su cuerpo más flojo, y fundiéndose en mi hombro y en mi pecho. Casi esperaba que Sam la arrancara de mí, se subiera él mismo y convirtiera todo esto en un combate de lucha libre. Cuando lo miré, pude ver que estaba en la misma postura y estado de ánimo que al verme hacer eructar a la muñeca. Eventualmente me miró y preguntó, “¿puedo tener un turno?” Antes de que pudiera responder, Jessica levantó la cabeza ligeramente y le dijo, “en un minuto”.
Después de un tiempo, ella renunció a su puesto en mi hombro y Sam tomó su turno en “hacerlo eructar”. Se sentía maravilloso mantenerlos de esta manera y darles algo que parecían necesitar muchísimo.
Después de unos pocos turnos con cada uno de ellos, fuimos al comedor y nos hicimos un nudo en el sofá, uno de ellos en cada uno de mis brazos y vimos una película. En realidad, yo vi una película –ellos se quedaron dormidos después de sólo unos pocos minutos. Mientras mis ojos seguían la frenética animación en la pantalla, mi respiración también relajó su ritmo y compartí la paz que ellos parecían estar experimentando.
Me sorprendí en cómo se las arreglaron para comunicar su dolor y confusión al crear los mismos sentimientos en mí mismo. La emoción es verdaderamente contagiosa y una poderosa fuente de conexión humana. Al dejarlos establecer el ritmo inicial de nuestro juego, les transmití mi respeto por su manera de hacer frente a las cosas. Mediante el uso de la muñeca, me comunicaron que cuando necesitaban calmar su ansiedad, a menudo se encontraban con más de lo mismo. Cuando hice eructar a su muñeca de manera cuidadosa y tierna, les mostré que era capaz de calmarlos si se sentían mal. Al pedirme que “los hiciera eructar”, me decían que confiaban en mí. Al conciliar el sueño, decían, “nos sentimos seguros y sabemos que velarás por nosotros mientras descansamos”. Aunque nada de esto se habló, la comunicación fue muy clara.
Las interacciones con la muñeca cambiaron el estado de la mente y el cuerpo de Sam y Jessica, así como mis propios estados mentales y corporales. Creo que los comportamientos de esa tarde no sólo afectaron sus actitudes y conductas, sino que puede que también haya cambiado sus cerebros de un modo pequeño pero quizás de un modo permanente. Pude ver esto reflejado en sus rostros y escucharlo en el tono de su voz; algo fundamental cambió su ser por completo. Yo les proporcioné una metáfora a través del cual se pudo reorganizar su experiencia, sus necesidades y regular sus emociones. Juntos, los tres co-construímos una nueva narrativa que podía ser utilizada como una forma de calmarse a ellos mismos y también mutuamente.
Si este proceso se repitiera suficientes veces, sus cerebros podrían reorganizarse alrededor de esta metáfora de tibieza y sostén y mejorar la comunicación entre redes de procesamiento cognitivo y emocional. Quizás Sam y Jessica puedan incorporar un modelo de auto-sostén y tibieza que los ayude a navegar los retos del futuro. Este tipo de interacción está en el corazón de todas las formas de psicoterapia, independientemente de la filosofía o la técnica. Todas las formas de terapia tienen sus propias versiones de metáforas integradoras, sirviendo para reorganizar redes neuronales y alterar la experiencia humana, esperemos que para mejor.