“Si ya tenemos el diagnóstico, que no se metan con mi familia”.
Este es un discurso recurrente en los padres que consultan. Como también: “recorrimos muchos consultorios y nadie nos dijo lo que tenía”
“busqué en internet, y es como si estuvieran hablando de mi hijo”
“¿cómo nadie me dijo nada antes?”
“¿Por qué tenemos que ir nosotros si el problema lo tiene él?”
“Queremos saber si lo tiene”
Mis queridos padres…cómo no entender ese dolor que provoca la culpa que sentimos, cuando hay un hijo en problemas. Los padres no somos culpables, pero sí podemos hacer mucho por nuestros hijos. A partir de la responsabilidad, somos el mejor instrumento al servicio de mejorar su calidad de vida.
Ustedes saben que durante muchos años, los psicólogos no podíamos trabajar sino era bajo la supervisión o dependencia de la psiquiatría. Después de aprobada la ley 23.277, esto cambió. Ahora, los psicólogos podemos trabajar sin psiquiatras. Sin embargo, hecha la ley hecha la trampa.
La psiquiatría biologista ha logrado una gran popularidad en el mercado de la salud mental. Los laboratorios han puesto al manual de psiquiatría en el pedestal. Ahí, han convertido las conductas humanas en categorías diagnósticas. Tanta es la difusión, que ahora en lugar de tener niños con problemas tenemos TGD. No hay niño que hoy no venga con diagnóstico de TGD –espectro autista.
Los psicólogos tenemos nuestros propios cuerpos de conocimiento y también contamos con el consenso internacional. Ciencia, teoría y práctica, que nos permiten confeccionar psicodiagnósticos. Son varias escuelas y corrientes de pensamiento que estructuran y crean conceptualizaciones para designar y comprender la conducta humana. La psiconalítica es una de ellas y no es la única.
El producto que circula con gran virulencia en el mercado, es el del DSM.
A partir de esto se les exige a los psicólogos y otras ramas de la salud los diagnósticos según el DSM. Los psicólogos no tenemos la obligación moral ni académica de confeccionar un diagnóstico en esos términos. Es solo la expresión de una parte del pensamiento científico ¡Que es la vedette!
Esta vedette es comprada inocentemente por los padres porque gracias a ella no se meten con la familia ni con la escuela, y termina siendo una gran estafa.
Nos mintieron. La formación en TGD no agrega ni quita nada. Porque no se trata ni de niños nuevos ni de nuevas disfunciones. Son los chicos de siempre, a los que han encasillado en categorías construidas por la psiquiatría. Por lo tanto, creer que se tiene incompleta la formación, y salir en busca de los cursos de TGD, es un verdadero retroceso en nuestro quehacer. Es volver a perder la independencia en el ejercicio profesional.
No estamos detractando la rama psiquiátrica. Estamos diciendo que no tenemos por qué, tomar sus contructos teóricos para confeccionar psicodiagnósticos. El psicólogo debe pensar como psicólogo.
La psiquiatría cumple una función. Así como podemos hacer una derivación a fonoaudiología, cuando lo consideremos necesario pedimos la interconsulta con un psiquiatra.
Aunque nuestro hijo tenga características especiales de personalidad y un funcionamiento poco convencional, también tiene una historia. No hay un tratamiento para un síndrome, hay abordaje para la persona. Por aquello tan trillado de que no hay enfermedades sino enfermos.
Cada persona posee sus diferencias individuales, su particularidad y una circunstancia vital. El profesional que trabaje bien tiene el deber de preguntar y saber cómo es la familia a la que pertenece ese niño.
Es como pretender un análisis de sangre sin una muestra. Todo dato de la vida familiar, es significativo. Todo representa una red de variables que el terapeuta tiene en cuenta por muchos motivos. Uno de ellos es para ver cuáles son los recursos humanos que pueden servir al servicio de la recuperación y el buen desarrollo.
Es una utopía creer que todo aquello que influye en la estructuración de un niño queda fuera “porque si tiene un síndrome hay que ocuparse de eso y nada más”…entrenándolo como se entrenan a los animales.
Cuando los psicólogos trabajaron como deben trabajar, y no necesariamente rotularon, entonces mis queridos padres -con los cuales me encolumno desde mi experiencia vital- les han dado un diagnóstico, claro que sí. Seguramente le mostraron la dificultad, el nivel de conflicto, las limitaciones, las fortalezas. Seguramente les han dado estrategias de utilidad. Les han dado un diagnóstico aunque no sea en términos del DSM..
Y la pura verdad, es que si lo hicieron de esa forma, lograron no caer en lo que muchos caímos. Rotular y encasillar con una categoría rígida que figura en un manual de psiquiatría, que confeccionaron, los que pretenden medicalizar la vida.
He capitalizado la experiencia de vida con nuestro hijo mayor. Lo mejor que hicimos por él fue en sus primeros 19 años de vida, mucho antes de que llegaran a nuestro conocimiento las etiquetas del manual de psiquiatría. Y lo ayudamos igual con las estrategias de utilidad que nos dieran los profesionales en aquel entonces. Sin rótulos ni etiquetas.
Hoy es muy común escuchar a los padres decir “quiero un profesional que entienda de esto”. Como si para entender de “esto” fuera necesario ser especialista en TGD. De ninunga manera. Hay que ser fundamentalmente psicólogo y comprender el alma humana y entender sobre funcionalidad del psiquismo.
Se me ocurre una comparación clara. Parece que en el DSM V, nos van a decir que la infidelidad es de origen genético y hereditario. Se dan cuenta cómo amplían el espectro de enfermedades. Todos, hasta los que volvemos de las vacaciones (Síndrome Post Vacacional), vamos a tener reservado un renglón en el manual de psiquiatría.
Si en una familia se da un caso de infidelidad, ¿podremos los psicólogos hacer una lectura de las cuestiones personales, culturales, morales y hereditarias en términos de modelos para entender el por qué de esa conducta? ¿O tendremos que decir que padecen el Síndrome de Violación del Acuerdo Matrimonial en grado II y los psiquiatras van a recetar antidepresivos?
A los profesionales de la salud: No nos dejemos avasallar ni impresionar. Y digo esto, porque son los psicólogos los que para poder trabajar, hacen cursos y diplomaturas en TGD. Les hacemos el caldo muy gordo a la psiquiatría biologista y a la larga, terminamos trabajando muy mal. Que nadie nos obligue a confeccionar un diagnóstico psicológico, con nombres que no pertencen a nuestro marco teórico y a nuestro real saber y entender. Ni mucho menos a mentir un diagnóstico para conseguir coberturas de obras sociales.
A los padres: Permitan, que el profesional que logre ganar su confianza, comprenda y entienda cómo es el lugar donde está creciendo un niño. No es para culpabilizar. Es necesario conocer la estructura familiar, cómo se manejan, que sienten, qué les duele, que les preocupa, qué heredan, qué ven, qué escuchan, qué sienten.
La peligrosidad de los diagnósticos psiquiátricos, es que en muchos casos ese camino da menos trabajo. Hace poco le indiqué a una pareja de padres, la necesidad de buscar un lugar donde trabajar la conflictiva familiar, que explicaba la conducta del nene en el colegio. Hay casos, donde la conducta manifiesta es síntoma de problemas de pareja y falta de buena crianza. Le pese a quien le pese, le guste a quien le guste HAY CASOS que son así.
Uno de esos casos donde indiqué terapia de pareja, desde mi consultorio se fueron a lo de un neurólogo que le diagnosticó al niño de seis años ADHD y ahora está tomando metilfenidato. Fracaso profesional de mi parte, ya que no tuve el suficiente poder de convencimiento. Si esa familia, me hubiera permitido meterme, hoy ese niño no sería la víctima de un diagnóstico fantasma como es el déficit de atención, y sus padres habrían tenido la oportunidad de mejorar su calidad de vida.
En el 2º Simposio Internacional sobre la Patologización de la Infancia (Buenos Aires – 2009), escuché decir a muchos profesionales que los TGD no existen. Para explicar esta dicotomía, digo que todo depende del profesional, a la hora de elegir las construcciones teóricas que posibilitan su quehacer. Tenemos la libertad de elección.
Lic. S. Isabel Rejtman