Tiempos distintos, diversidad y rol de la escuela

Menos horas en el
colegio, diversidad y rol de la escuela.

Movido por una serie de consultas
donde el común denominador es en todos los casos el siguiente planteo: “La directora de la escuela nos sugirió que
mi hijo esté menos horas en clases y que el tiempo que venga al colegio lo haga
acompañado por un agente facilitador de relaciones sociales (que en la mayoría
de las veces no es docente), o un facilitador de aprendizajes ambientales, o coaching, o un acompañante
terapéutico, o un referente directo, o un asesor particular del niño, o un maestro
de apoyo”…
y esta propuesta es válida desde el maternal, pasando por el
jardín de infantes, primaria y secundaria… Ah!, me falta aclarar que esta
sugerencia suele contar con el apoyo de profesionales que integran equipos de
abordajes interdisciplinarios. Equipos y profesionales que las escuelas aceptan
sin cuestionamiento alguno y tienen poder de decisión sobre lo que los alumnos
deben aprender, cómo deben aprender y cómo han de ser evaluados.

Sabemos que desde muy temprana
edad, la escuela y el grupo social de pertenencia son lo más significativo para
los niños dado que están empezando a desarrollar y a
poner en práctica un sin fin de habilidades y estrategias que requieren en todo
momento de la calibración que el entorno mismo le puede ofrecer y así
confirmar lo que está permitido y lo que no, lo que me da confianza y lo que me
genera temor, el sentirse confiado, integrado, aceptado, seguro y que su lugar
es ese.

Cuando en el discurso
institucional aparece la expresión: pero sus actitudes no facilitan
el aprendizaje de los demás compañeritos y hace imposible la tarea de la docente,

allí comienza el nefasto proceso de adecuar a la persona a lo que se planificó
y a los objetivos que responden a los lineamientos curriculares del año y para
esa edad, es decir lisa y llanamente, se corre a la persona del centro de
interés y el objeto del abordaje son los contenidos y lo que la escuela
planifica,  es decir, si no se adecúa a la propuesta, éste no es su lugar
y empieza el derrotero por patologizar al niño que muy bien podría aportar singularidad,
desafíos grupales y recrear las formas en que se aborda al que tiene un tiempo,
un ritmo distinto de aprendizaje.

Obvio que los papás van a acceder sin mucho cuestionamiento al pedido y a la propuesta que sugiere la escuela, porque
están empezando con la escolaridad, porque en el afán de ofrecerle lo mejor a
su hijo, no van a cuestionar y, a pesar de todos estos desencantos, la escuela
es un indicador social muy importante. Si va a la escuela y puede, mi hijo es normal y si para poder
necesita de un apoyo le ponemos el apoyo, independientemente de lo que esto
pueda traer como consecuencias para el futuro.

Los conceptos de normalidad, funcionalidad, ser buenos padres se entremezclan
con un arte que nadie parece poder destrabar y la escuela tiene su
responsabilidad en esta cuestión. Y como seguramente si le ponemos un apoyo
(facilitador, acompañante terapéutico, etc.),  el niño va a poder. Eso confirma que está muy bien, que la
intervención de la escuela fue acorde, que somos buenos padres y si pudo, ya lo
contratamos para el año siguiente y redoblamos
la propuesta. Así, para cuando esté en tercer grado y ya no sea
necesario con un solo facilitador, procederemos
a necesitar del equipo, pero oh!! los
padres no lo pueden costear, entonces  recurrimos al certificado de
discapacidad, total, él es chiquito, no
se lo digo, no tiene por qué saberlo, total el certificado dice trastornos del
aprendizaje, retraso madurativo, o bien retraso mental leve… y todo por
qué… porque unas señoras, que se dicen educadoras y con el apoyo de
alguna supervisora que no quiere que su distrito o sección tenga problemas o
deba presentar algún fundamento que no lo pueda hacer y haga temblar a la
normativa vigente en algún momento, evaluaron que la presencia de ese niño no permitía que los demás aprendan bien porque
cuestionaba siempre, porque se movía
de la sillita, se pasaba de un
rincón a otro, se peleaba por un camioncito y lo arrojaba al piso, hacía
berrinches, no pedía las cosas bien…
Entonces esta persona ya está fuera del sistema y sus DERECHOS desde ya están
siendo vapuleados.

Me acuerdo y no sé por qué, en este momento, de cuando yo tenía 4 años y
aún no podía andar en bicicleta, recuerdo que mi mamá trabajaba, le pedía ayuda
a mis hermanos y si bien me ayudaban, para mí no era suficiente y me
malhumoraba bastante, era muy torpe para
sostener una bicicleta y más para hacerla andar sin las rueditas de sostén.

Un día sucedió que mi mamá al levantarse me dijo: Hoy vas a convertirte en
el mejor ciclista, hoy te quiero ver andar con la bici por la vereda y me vas a
acompañar a mí a la casa de los primos. Vamos a ir cada uno en su bicicleta. Recuerdo
el calor de ese día y el color de la voz de mi mamá y su mirada. ¿Saben? Me
tenía a upa, abrazado a ella. Ese día aprendí a andar en bicicleta, varios
fueron los golpes que recibí previamente pero había una invitación, una voz
clara, una emoción fuerte, y claro, tuvo tiempo para mí. Aprendí y cuando lo
logré, ella y mis hermanos hicieron una ronda aplaudiéndome. Hoy resuenan en mi
vida esos aplausos y esas frases cada vez que surge alguna dificultad y trato
de seguir aprendiendo de esa situación: Viste que podías, que no era tan
difícil…

¿Qué hubiera pasado si mi mamá me hubiera puesto una persona especialista
en coordinación motora, o facilitadora de aprendizajes para que aprendiera a
andar en bicicleta? Seguramente no estaría escribiendo esto y este recuerdo que
yo tengo de ella no estaría presente.

Sres. y Sras., un niño debe estar en la escuela el tiempo que le
corresponde y la docente no necesita formación especializada para  hacerse
cargo, ni un postgrado en particular, necesita mirar las necesidades del grupo
y atender a esas necesidades involucrando a todos los niños y si la
preocupación es la planificación, ha de
planificar según el o los que presentan diferencias porque allí radica su
desafío profesional, su creatividad, su arte, su ética como profesional de la
educación.

Una docente que no puede con esto, una escuela que no puede con estos
desafíos, que es con lo que se trabaja, no le da derecho alguno a limitar el tiempo
de presencia al niño, NI sugerir
psicodiagnósticos e interconsultas con
profesionales afines.

Creo que es una  muy buena oportunidad para replantearse el rol que
esa institución está teniendo para la comunidad, máxime cuando sabemos que los gobiernos y las políticas educativas de nuestro país
hacen referencia a “la
necesidad de que la educación atienda a la diversidad”,

es decir, están haciendo hincapié en una
realidad socio-política de la cual no podemos escapar. Y además se están
basando en la política educativa de los países del primer mundo donde la atención
a la diversidad es prioridad educativa
. Queda demostrado que para
esta escuela, este lineamiento no es prioritario, o bien los superiores
inmediatos de la docente no leyeron esta disposición y menos la internalizaron
en sus procedimientos.

Sacar o limitar  tiempo es adherir llanamente al
paradigma de la simplicidad y practicidad cuando que toda la normativa, los
procedimientos y nuevas prácticas educativas apuntan al nuevo paradigma de la complejidad en el
hacer educativo cotidiano, dado que la diversidad implica complejidad. Cuando
se mira al alumno y se trata de resolver por allí la cuestión eso es reduccionismo, miramos sólo un aspecto
y no lo que sucede alrededor y lo cierto es que esto deja ver una gran
dificultad en el sistema  escolar para hacerse cargo de la diversidad.

Debe entenderse que la atención a la diversidad implica
creer que cada ser es único y singular y que no se pretende que el niño/a se
“adapte” al modelo escolar y sus normas y reglas preestablecidas,
sino más bien, que la escuela busque alternativas que se basarán en la
convivencia, la vivencia y un modelo educativo que tendrá como objetivo el
respeto a la individualidad y el ritmo de cada uno.”

(Fernández Enguita
1990) “Las escuelas son escenarios de formas de participación que reproducen en
miniatura, aunque con importantes modificaciones, la estructura general del
estado”.

Tan sólo por este motivo una escuela no puede apartar,
dejar afuera y sugerir otros apoyos que no sean los naturales.

(Santos
Guerra, 1995) “La cultura de la diversidad no se ha
impuesto en la escuela. Pero es
precisamente la diversidad, entendida y practicada de forma enriquecedora lo
que constituye la esencia de la educación”.

Sé que en los  jardines existen pautas amplias que
quedan a criterio de la maestra,  mi criterio personal es NO marcar ningún
tipo de diferencias, que el niño pueda sentir como discriminación, debe
ser tratado como todos, sólo que mantengo una relación de
coordinación y cooperación especial con los padres, el charlar mucho con el
grupo
, son niños pero su capacidad de entendimiento e
integración es mayor que la de los adultos pues ellos no están marcados por las
pautas discriminatorias o tabúes sociales que rigen a los adultos (en general
no en su totalidad), el educar a partir de la diversidad integrándola como
agente de nuevos conocimientos no sólo favorece a formar niños con un criterio
amplio de análisis crítico, personas que en el futuro no discriminarán a sus
pares, sea por raza, credo, color, status social o “especiales” ( lo
pongo entre comillas) ya que las pautas de especiales las marca la sociedad y
delimita que es “normal o especial”.

El trabajar desde la diversidad no sólo permite aprender
de la misma y enriquecer ampliando nuestros conocimientos, los niños y la
comunidad educativa en su totalidad, rescatemos y pongamos en práctica los
valores que están tan vapuleados e ignorados por la sociedad ya que la crisis
que vivimos nos marca en todos los ámbitos y roles de la vida cotidiana, el
entender que la solidaridad, comprensión, colaboración no sólo tenemos que
asumirla como algo propio que damos en la escuela a los niños, el hacer
participes a los padres, la institución como un todo e incluso la comunidad y
el medio, favorecer el crecimiento, teniendo en cuenta los saberes previos, ya
es hora que muchos docentes replanteen si trabajar en una escuela de puertas
cerradas es bueno o si es mejor trabajar en una escuela abierta donde se tiene
en cuenta la realidad que nos rodea, entre ellas la diversidad, los prejuicios
y la falta de tolerancia, para analizar y trabajar sobre esto y encontrar
dentro de lo posible propuestas alternativas de cambio que al menos comiencen a
germinar en los niños, y permita plantear y replantear tanto a padres como
docentes actitudes, acciones, etc.

Podríamos hacer el siguiente cuadro comparativo y
reflexionar:

Teorías declaradas por
Normativa Legal

Teorías en uso por anhelos de supervisores, directivos y
docentes

Se deben enseñar contenidos significativos
contextualizados para cada grupo de alumnos.

Los alumnos aprenden los contenidos prescriptos en el
currículo oficial.

Los contenidos deben ser enseñados como problemas de
las ciencias y del contexto social donde estos emergen.

Los contenidos desarrollados se organizan en torno a
una asignatura específica.

Se debe atender a la diversidad cultural del alumno,
tomando como punto de partida para el aprendizaje el capital producido por su
grupo de origen.

Los alumnos aprenden partiendo de la cultura social dominante que propone la escuela.

El ritmo de aprendizaje debe adecuarse a las
necesidades de los alumnos.

Los aprendizajes son dosificados gradualmente por el
docente en concordancia con el currículo prescripto.

Cada alumno tiene su ritmo de aprendizaje diferente y
esta diversidad no sólo debe ser tenida en cuenta, sino además vista como una
ventaja para el enriquecimiento del aprendizaje de la clase. Cada alumno es
un ser único e irrepetible y esto constituye un valor en el proceso de
aprendizaje.

Los alumnos que no se ajustan al ritmo común de la
clase dificultan el proceso de aprendizaje del grupo. La heterogeneidad de
los alumnos obstaculiza las situaciones didácticas que presenta el docente
para un alumno “promedio, tipo”.

Las planificaciones deben adecuarse a cada grupo en cuanto a contenidos y actividades,
recursos y evaluación.

El docente que trabaja por áreas en cursos paralelos,
posee una sola planificación para dos o más grupos.

Los alumnos deben
aprender en un clima de libertad.

Los alumnos aprenden cuando están sentados, callados y
quietos.

Las actividades de
aprendizaje deben basarse en
situaciones lúdicas.

El juego en el aula generalmente dispersa la atención y
reduce los tiempos de aprendizaje.

El aprendizaje debe basarse en la creatividad.

El aprendizaje se basa en la copia, ejercitación y
repetición de los conceptos impartidos por el docente.

Lo que se aprende en la escuela debe servirle al alumno para la vida.

Lo que se aprende
en la escuela le sirve al alumno para promover el grado/año superior y
también para la vida.

Los recursos deben ser creativos, variados,
significativos, extraídos de la cotidianeidad, de la vida misma de los
alumnos.

Los recursos variados y el aporte “excesivo” de los
alumnos desorganizan la clase. Los contenidos emergentes, no planificados, atrasan
el “programa o currículo a cumplir por año”.

Las nuevas tecnologías, como el uso de software
educativos e Internet, deben ser llevados al aula con habilidad didáctica.

Los alumnos de educación básica no están capacitados
para investigar en Internet, y la información que de allí obtienen es de un
alto nivel que no se corresponde con
sus edades.

El docente debe poseer suficiente habilidad para transformar en recurso todo
lo que esté a su alcance y al alcance de los alumnos. Es un profesional de la
educación.

El docente muchas veces carece de recursos para
trabajar por falta de material didáctico, especialmente en las escuelas con
bajos recursos económicos. Es sólo un empleado.

Existen tres tipos de evaluación: diagnóstica, en
proceso, sumativa; la calificación del alumno debe ser producto del análisis
de estos tres tipos.

En la evaluación diagnóstico se determina lo que no
quedó aprendido del año anterior para rever en el presente ciclo lectivo,
afianzar y fijar. Luego podrá comenzarse con el programa del año en curso. El
resultado de la evaluación final es el que avala la calificación en el
boletín.

Les comparto la siguiente fábula:

“Cierta vez, los
animales decidieron hacer algo para afrontar los problemas del “mundo
nuevo”, y organizaron una escuela.

Adoptaron un currículo de actividades consistentes en correr, trepar, nadar y
volar.  Y para que fuera más fácil de enseñar, todos los animales se inscribieron
en todas las asignaturas. El pato era un estudiante sobresaliente en la
asignatura “natación”, de hecho superior a su maestro. Obtuvo un
suficiente en “vuelo”, pero en “carrera” resultó muy
deficiente.

Como era de aprendizaje lento en “carrera” tuvo que quedarse en la
escuela después de hora y abandonar la “natación”.

Pero la medianía se aceptaba en la escuela, de manera que a nadie le preocupó
lo sucedido, salvo como es natural, al pato.

La liebre comenzó el curso como el alumno más distinguido en
“carrera”, pero sufrió un colapso nervioso por exceso de trabajo en
natación.

La ardilla era sobresaliente en “trepamiento”, hasta que manifestó un
síndrome de frustración en la clase de “vuelo”, donde su maestro le
hacía comenzar desde el suelo, en vez de hacerlo desde la cima del árbol.

Por último se enfermó de calambres  por exceso de esfuerzo, y entonces la
clasificaron con “6″ en trepamiento y con “4″ en carrera.

El águila era un “chico problema”, y recibió muchas malas notas en
conducta. En el curso de trepamiento superaba a todos los demás en el ejercicio
de subir hasta el final de la copa del árbol, pero se obstinaba en hacerlo a su
manera.

Al terminar el año, un anguila anormal, que podía
nadar sobresalientemente, y también correr, trepar y volar un poco obtuvo el
promedio superior y la medalla al mejor alumno.

…   Esta fábula famosa, escrita hace más de 25 años, echa
definitivamente por tierra el currículo uniforme y prescripto y suscita dudas
acerca de algunos elementos del proceso de enseñanza. Exigir a todos los niños que cursan el mismo grado o
salita, estudiando las mismas asignaturas, al mismo tiempo, con un grado
idéntico de rendimiento esperado, es algo que niega las diferencias
individuales realmente existentes entre los niños con la misma  eficacia
con que el currículo de actividades de la fábula obligó al pato a correr y al
conejo a nadar, y, por si fuera poco, a conseguirlo antes de fin de año.

Las perjudiciales exigencias impuestas a los desdichados animales de nuestra
fábula no son muy diferentes de las que se imponen a muchos alumnos de nuestras
escuelas, cuyas capacidades especiales e intereses se ignoran y cuyas
debilidades se hacen resaltar.”

En forma análoga al relato de la fábula,
puede observarse en las escuelas una prevalencia de un paradigma homogeneizante
que somete a los alumnos a
exigencias que muchas veces determinan un fracaso escolar (fracaso social), una
derivación a escuela especial que llevan al etiquetamiento y rotulación de
alumnos como DISCAPACITADOS, sin analizar otras posibles causas del rendimiento
diferente, y sin considerar capacidades potenciales no contempladas dentro de
un curriculum estándar, cerrado, rígido.

Sin embargo existen otras posturas que
intentan dar cuenta de la diversidad y de la complejidad del mundo actual,
posturas críticas y cuestionadoras que impulsan un modelo de escuela inclusiva
que pueda constituirse en un espacio crítico, democrático de apropiación del
saber socialmente valorado. Un espacio para TODOS.

Alejándose de los paradigmas médicos,
psicométricos, – que  hoy impregnan las prácticas docentes – proponen un
modelo pedagógico que centra la mirada, no en la discapacidad, sino en las
fortalezas de cada uno, y por lo tanto en la oferta educativa que debe hacerse
a las mismas. La creatividad y el trabajo de los docentes serían los
instrumentos que permitirían responder a cada uno de los desafíos que nos
presenta la diversidad.

Es por esto que
considero fundamental que como educadores nos centremos en esta temática. Es
necesario  compartir, socializar experiencias, continuar aprendiendo. El
diseño, la elaboración y puesta en práctica
de estrategias nuevas requiere de un fundamento teórico,
filosófico que las sustente y de
compromisos institucionales ineludibles, “suponen como precondición una gestión y organización de las
instituciones escolares sumamente ágil y flexible, e implican la movilización
de recursos comunitarios, y la participación y compromiso de los padres en
la adopción de decisiones y acompañamiento del proceso.”

Posicionarnos en este modelo implica aceptar
el desafío, estar convencidos de que es posible lograr una ESCUELA PARA TODOS.

Y para finalizar les dejo una
frase que expresara muy bien mi querido Ernesto Sábato en Antes del Fin.

“Sólo quienes
sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de
recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”.

Víctor
Tomé

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